Equidistancia: no ficción y fotografía en torno al narcotráfico by Iván Ruiz / La ley del monte by Mauricio Palos

We launch a new section on the Counter-archives to the Narco-city blog exclusively devoted to photographic practices. In the gaze of visual chroniclers, the ways of inhabiting the cities and regions beholden to narco-economies reveal complex, quotidian, and deeply humane. Countering the mediation of headlines and informative/sensational stories, we want to halt and observe what photographs have to tell. Blurring the lines between photojournalism and fine-art photography, reality and fiction, this section emphasizes the expansive narrative of images themselves. Drawing on the specific presentation of subjects and reality fragments, photographs have the power to encapsulate and trigger collective experiences. In contemplating the photographic other there will always be an experience of alterity that either by similarity or difference may well ask us about them and about ourselves.

Comenzamos una nueva sección del blog Contra-archivos de la ciudad del narco, dedicada exclusivamente a las prácticas fotográficas. En la mirada de los cronistas visuales, las formas de habitar las ciudades y regiones azotadas por las narco-economías se revelan complejas, cotidianas y profundamente humanas. Lejos de la mediación de los titulares y las notas informativas y/o sensacionalistas, nos interesa detenernos a observar lo que las imágenes fotográficas tienen para contar. Desdibujando las líneas entre fotoperiodismo y fotografía artística, entre realidad y ficción, esta sección pone el acento en las narrativas expansivas de la propia imagen, en su poder de condensar y activar experiencias colectivas a partir de la presentación de sujetos y fragmentos de la realidad específicos. En la contemplación del otro fotográfico habrá siempre una experiencia de alteridad que, ya sea por semejanza o diferencia, nos preguntará sobre ellos y sobre nosotros mismos.

The first collaboration in this section is a four-hand piece. We are excited to share, on the one hand, some photographs of La ley del monte, ongoing series of photographer Mauricio Palos on the conflict between ranchers and drug traffickers in the states of Michoacán, Guerrero, and parts of San Luis Potosí. From different angles, his pictures narrate the complicated reality in areas besieged by the narco in Mexico. On the other hand, Equidistancia: no ficción y fotografía en torno al narcotráfico by Iván Ruiz is a thrilling essay that contextualizes and interprets Mauricio’s series, relating it to other of his works and the visual imaginaries of narcotrafficking.

La primera colaboración de esta sección es a cuatro manos. Estamos muy contentos de poder compartir, por un lado, algunas imágenes de La ley del monte, serie en curso del fotógrafo Mauricio Palos sobre el conflicto entre rancheros y narcotraficantes en los estados de Michoacán, Guerrero y algunas regiones de San Luis Potosí. Desde diferentes ángulos,  estas fotografías dan cuenta de la complicada realidad que se vive en territorios sitiados por el narco en México. Por otro lado, Equidistancia: no ficción y fotografía en torno al narcotráfico, de Iván Ruiz, es un provocador ensayo que contextualiza e interpreta la serie de Mauricio, relacionándola con otras de sus obras y con los imaginarios visuales del narcotráfico.

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Mauricio Palos, Un periodista graba en audio los momentos en los que Peña Nieto es elegido presidente de México en el auditorio del PRI en Insurgentes. México DF, 1 de Julio 2012. (A journalist records the audio when Peña Nieto is elected Mexico’s president at the PRI auditorium on Insurgentes Av. Mexico City, July 1st, 2012). From the series La ley del monte, 2009–present.

La Ley del Monte. This idea from the Mexican Revolution theorizes that the laws of the land are always in favor of the powerful. Over time, I have come to know many others who have decided to tackle their own conflicts, which were generated by an immature political system that seems to be always on the right side of the law. I see my work as a process of reflection. By visiting and revisiting historically charged areas and those who are developing their own today’s history, my idea is to address all the leads that construct what we know today as a war on drugs. 

La Ley del MonteEsta idea de la Revolución Mexicana habla de que las leyes de la tierra funcionan siempre a favor de los poderosos. Con el tiempo, he llegado a conocer muchas historias de personas que han decidido hacer frente a sus propios conflictos, que fueron generados por un sistema político inmaduro que parece estar siempre en el lado correcto de la ley. Veo mi trabajo como un proceso de reflexión. Al visitar y revisitar áreas históricamente cargadas y aquellas que van enfrentando su camino cada día, me dirijo hacia todas esas pistas que construyen lo que conocemos hoy en día como una guerra contra las drogas.

Mauricio Palos* 


Equidistancia:

                                     no ficción y fotografía en torno al narcotráfico

Iván Ruiz**

La publicación del libro más reciente de Roberto Saviano, CeroCeroCero. Cómo la cocaína gobierna el mundo, supone desde su subtítulo una hipótesis avasalladora: el narcotráfico de estupefacientes en este país ha dejado atrás su carácter bilateral (México-Estados Unidos, México-Colombia) para transformarse en el negocio global más rentable. Hoy en día la cocaína —dice el también autor de Gomorra— constituye el “petróleo blanco”, la fuente de riqueza económica y además la sustancia que activa un poderío enajenante: “Sin cocaína no eres nadie. Con la cocaína puedes ser como quieras.” Para Saviano, la célebre narcocumbre convocada por Miguel Ángel Félix Gallardo a finales de los noventa en Acapulco, configuró un mito fundacional. No se trató de una simple distribución territorial para animar la creación de los cárteles de narcotráfico. En su gesto de “antiguo emperador romano” que reúne a su descendencia para asignar a cada uno de sus hijos una parte de sus posesiones, el Padrino realizó una doble operación. Por un lado, seccionó el mercado de la droga en México a través de pequeñas corporaciones que gobernarían regiones específicas; por el otro, lo abrió a la competencia mundial. No existe, continúa Saviano, un único modo de decidir el precio y la distribución de la coca: depende de las condiciones, del momento, de las personas implicadas, de las alianzas, de las traiciones, de las ambiciones de los cabecillas y de los flujos económicos. Que el escritor napolitano asocie ese mito fundacional con la configuración de una política económica neoliberal no es nada nuevo. Menos aún que la descomposición del capitalismo sea un síntoma claro del poderío desmedido del narcotráfico sobre la política y los políticos que gobiernan este país. Lo subyugante de su interpretación estriba en la incredulidad hacia su propia percepción, que lo hace sospechar de lo que ve, lee, siente y escucha.

Prisionero de sí mismo —protegido día y noche por una escolta de carabineros a raíz de las amenazas de muerte que recibió por parte de la camorra debido al contenido revelado en Gomorra—, el napolitano encontró en el escepticismo la ruta para desarrollar una investigación cuyo escenario lo constituye un México donde la ley se encuentra fracturada de raíz. Un país donde “La ley del monte” —expresión revolucionaria que arrastra los efectos de violencia suscitados durante los conflictos armados entre terratenientes y campesinos— constituye una metáfora tanto del desmoronamiento político como del desgarramiento interno de la sociedad. Sin embargo, así como en la Italia de Saviano, en este país que parecería ser gobernado por diferentes capos, las cosas no son como se (nos) presentan. Y en este punto el escritor es enfático. “El periodista, el narrador, el realizador querrían contar cómo es el mundo, cómo es realmente. Decirles a sus lectores, a sus espectadores: no es como pensabas, he aquí cómo es”, aunque nadie lo logre del todo por una razón determinante. El riesgo es creer que la realidad, la verdadera, la palpitante, la determinante, está completamente oculta. Dice Saviano que ésta es la estupidez típica del que cuenta las cosas. “Es el principio de la miopía de un ojo que se cree incontaminado: hacer cuadrar el círculo del mundo en tus interpretaciones.” Esa clase de estupidez también es extensiva a quienes perciben —miopes también— el imaginario desencadenado por el narcotráfico: una profusa estela visual en donde la fotografía se ha transformado progresivamente en un medio impuro, pues ahí conviven registros de periodismo, nota roja, documentalismo y automitologías buchonas que han encontrado en las selfies su vía narcisista de expresión. En este caso, el principio de miopía se observa, por lo menos, en dos bandos: quienes persisten en pensar que la fotografía revela un lado “oculto” (idea heredada de la fotografía documental en tanto mostración de una faceta social desconocida), y quienes exigen a la fotografía adherirse a una ideología basada en un compromiso social (también idea proveniente de la primera práctica documental, que en México tuvo una acogida excepcional en este medio a través del Consejo Mexicano de Fotografía, fundado en 1977).

Pero la reactivación de este tipo de práctica documental se ha mermado desde el momento en que el narcotráfico dejó de operar bajo una lógica de mostración y ocultamiento para abrazar procesos híbridos de montaje, cercanos a la ficción. Ni lo que permanece oculto “revela” una verdad, ni lo que se muestra “explica” una situación interior. En esto Saviano es preciso: “El poder criminal es una mezcla de reglas, sospechas, poder público, comunicación, crueldad y diplomacia. Estudiarlo es como interpretar textos, como convertirse en entomólogo.” De los diferentes proyectos fotográficos que han abordado los estragos del narcotráfico en este país, me detendré en uno solo, pues en su trama se observa cómo recursos del reportaje, la crónica y el documental producen un relato denso sobre una realidad enervante e intolerable.

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Mauricio Palos es, antes que nada, un viajero, pero no la clase de trotamundos que arma sus recorridos con la guía de lugares trendy. Su primer proyecto fotográfico surge de una experiencia de viaje, de aquellas que ocurren como una anticipación de algo que se está fraguando en el orden de lo indecible. En My Perro Rano. Crónicas de Centroamérica (2010), Palos ensaya una mirada documental sobre la migración en los países de Guatemala, Honduras y El Salvador. Su crónica visual trasciende lo que en principio fue su objeto de interés: las personas que están en proceso de rehabilitación tras perder las extremidades al caer de La Bestia, el tren que sale de la estación Arriaga, en Chiapas, y que llega hasta la frontera en Nogales, Sonora. Su trabajo propone un relato más complejo sobre las condiciones de vida de los migrantes, aquellas que él, de una u otra forma, también sorteó por su paso en Europa y Estados Unidos. Retratos, paisajes, escenas íntimas, composiciones abstractas, símbolos nacionales, objetos clave como las etiquetas de deportación, entre otros recursos, sirven al fotógrafo potosino para producir un relato visual de identidad genérica porosa. Publicado como fotolibro, y acompañado del documental En algún lugar, My Perro Rano fragua la mirada de un fotógrafo interesado en explorar tanto los efectos como las causas de la migración. Tanto lo visible como lo poco visible. Tanto el lugar común como la epifanía en lo ordinario. Pero para llegar a esto, Palos tuvo que hacer una elección, que si bien la ejerce todo documentalista, en palabras de Saviano cobra una dimensión radical: “No estás dentro sólo porque estés en la calle o te infiltres, como Joe Pistone, durante seis años en un clan. Estás dentro porque son el sentido de tu estar en el mundo. Y desde hace años he decidido estar adentro.”

En un país que cuenta con una notable tradición de documental fotográfico, Palos destaca en la nueva generación de fotógrafos justamente por llevar a un límite la decisión que condujo a Saviano al exilio forzado: estar dentro, en este caso, de su propio país. Y este estar dentro comenzó estando fuera, observando cómo los desplazamientos de los centroamericanos se encuentran atravesados por contradicciones, ironías, anhelos truncos, coraje y sentimientos bastante complejos —muchos de ellos indescifrables— que van más allá del efecto inmediato de una pobreza generalizada. Y estando fuera comenzó a estar dentro, pues entre México y Centroamérica las conexiones son profundas. Mientras cientos de hondureños entregan su suerte a La Bestia, por Honduras transita un buen porcentaje de droga que llega a México desde América del Sur con destino a Estados Unidos. Palos fotografía las pistas clandestinas de aterrizaje (o narcopistas) y ve en ellas, de manera simbólica, las paradojas que surgen, precisamente, por estar dentro: personas migran, coca entra, coca vuela.

Dice Saviano que estar dentro del tráfico del polvo blanco es la única perspectiva que le ha permitido entender las cosas hasta el fondo: “Observar la debilidad humana, la fisiología del poder, la fragilidad de las relaciones, la inconsistencia de los vínculos, la enorme fuerza del dinero y la crueldad.” Y Palos ha decidido estar dentro porque rehúsa una lectura superficial del narcotráfico. Durante una de sus visitas a la ciudad de México en los días previos al golpe de estado en Honduras, recibió la invitación por parte de un colega para sumarse como fotoperiodista acreditado con el ejército nacional para viajar al corazón de uno de los nodos de violencia de este país: Michoacán, 2009, surgimiento de las autodefensas. Población civil armada dispuesta a defender sus tierras, fuentes de ingreso y la propia vida frente al creciente poderío de La Familia, organización criminal dedicada al narcotráfico. Es entonces cuando La ley del monte reaparece como práctica guerrillera.

Tras penetrar en el territorio michoacano, todo comenzó a cobrar sentido, pero no en un solo sentido, pues la violencia admite diversas formas para sobrellevar el día a día. Se revelan estratos, gamas, calidades de distinta naturaleza que nos aferran a la vida. Un año después, noticia viral: un hombre de edad avanzada se negó a entregar su rancho en Tamaulipas a uno de los brazos armados más crueles del crimen organizado (Los Zetas) y murió durante el abatimiento. La narración de la escena parece de película. Este hombre, llamado Don Alejo Garza, pidió a sus trabajadores no presentarse a trabajar al día siguiente pues unos zetas ya lo habían amenazado para que desalojara su propiedad en un plazo de veinticuatro horas. Tal vez dudó, pero al final no dobló la mano. En cada puerta y ventana de su rancho, Don Alejo dispuso un arma. Estaba preparado para el duelo. Y así fue. Don Alejo mató a cuatro y alguno de los zetas lo ultimó. La historia de este hombre de setenta y siete años —ranchero, empresario y cazador— removió una fibra en el fotógrafo potosino.

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Palos ha hecho de la trashumancia un modo de vida y a través de sus viajes a Michoacán, Ciudad Juárez, Acapulco, San Luis Potosí, Ayutla, Ciudad de México y la península de Yucatán ha fraguado un ensayo fotográfico extenso sobre este país que ha titulado, precisamente, La ley del monte. Es un proyecto en curso, iniciado en 2009, que podría ser calificado como una epopeya visual. Se trata de una narración fragmentaria y caótica que no tiene miedo al contraste. Por el contrario, busca en el alto contraste el sentido de la unidad, pues si algo caracteriza a este país son las desigualdades profundas que se asoman en el mendigo de la esquina, en la opulencia de las amigas de Daniela Rossell que participaron en su proyecto Ricas y famosas. Pero de nueva cuenta, lo visible es apenas el cabo suelto de algo que no alcanzamos, no queremos o no podemos ver. Palos documenta episodios recientes que han marcado la historia de este país (las autodefensas, los exilios forzados, la desobediencia civil de los #YoSoy132), pero también vuelve sobre lugares y espacios que cargan una historia densa, la cual reaparece en diferentes modalidades (la guerra social que se vivió en Yucatán a mediados del siglo XIX y que no ha resuelto los conflictos del mundo rural).

Una fotografía por demás estremecedora de La ley del monte es la que muestra una cabeza humana cercenada, semicubierta por una caja de cartón, tirada a la calle durante las elecciones para gobernador del estado, en Guerrero, 2011. Como bien lo recuerda Sergio González Rodríguez en El hombre sin cabeza, en nuestra cultura colonial hay diferentes símbolos que reaparecen de forma traumática en las decapitaciones llevadas a cabo por miembros del crimen organizado: entre los mesoamericanos, la práctica de decapitar a personas para los sacrificios y de disponer los cráneos en un altar donde se empalaban en hileras horizontales (tzomplantli); las cabezas mutiladas del clérigo Miguel Hidalgo y Costilla, Ignacio Allende, Juan Aldama y Mariano Jiménez puestas en jaulas de hierro por la tropa española para escarmiento de los rebeldes y, finalmente, el bandido revolucionario Francisco Villa, de quien violaron la tumba para cortarle la cabeza pocos años después de muerto. La historia se reescribe… La cabeza humana como trofeo de cacería: símbolo abyecto de dominio sobre el otro.

Así como la foto del descabezado se presenta en un registro de nota roja, La ley del monte se distingue de otros proyectos documentales (y a su vez se enmarca en el nuevo documentalismo), desde el momento en que disloca el punto de vista a través de una mirada que atraviesa el fotorreportaje, la crónica, el ensayo, el retrato y la foto construida. En una entrevista que Saviano le otorgó a Sergio Rodríguez Blanco, el escritor revela su concepción sobre la no ficción: “La regla es contar un hecho real, con disciplina, pero manteniendo dentro la mirada. Los anglosajones hablan de la distancia justa. Pero lo que yo quiero es la cercanía justa.” Como Sergio conoce bien la lengua italiana, y él mismo es un escritor de no ficción, hace un apunte revelador: “Distancia y cercanía riman en italiano. Es un juego de palabras. La primera —la distanza— es fría, fáctica, verificable: sea larga o corta, basta tener un metro a mano para calcularla. La segunda —la vicinanza— se mide con métodos mucho más primitivos y se puede afrontar de dos modos: el primero es aproximarse a la llama y detenerse en el punto donde el calor empieza a abrasarte la carne (este procedimiento arde pero no provoca heridas).”

La mirada de Palos se incorpora a este juego lingüístico. Conoce la fría distancia, pues su acreditación como fotoperiodista le permitió entrar en lugares clave desde donde ejercer un registro fáctico (la cobertura de la celebración del triunfo electoral de Peña Nieto el primero de julio de 2012; su ingreso al Museo de los Enervantes de la SEDENA). Ensaya la cercanía justa en medio del arrebato civil desencadenado por ese controvertido triunfo presidencial. Se aproxima a la llama en el momento en que observa los símbolos de la opulencia que rozan lo inconcebible (una cabeza de elefante como ornato de una mansión). Enardece su mirada cuando se acerca al dolor y al miedo ajeno (los familiares de las muertas de Juárez; el exilio forzado de Marisol Valles, “La mujer más valiente de México”). Como en su momento lo hiciera Maya Goded con un ensayo magistral sobre las prostitutas de Plaza de la Soledad, Palos ha decidido estar dentro, pero no sólo dentro de un estrato marginal de este país. Como el escritor napolitano, el fotógrafo potosino ha avanzado entre las diferentes capas de una parcela irregular. El trayecto comenzó en las pistas clandestinas de aterrizaje, continuó en la exploración sobre el mundo rural —donde los conflictos agrícolas reaniman fantasmas y traumas del colonialismo— y se ha dirigido hacia zonas en apariencia más seguras, donde la violencia se percibe como un hecho distante.

Parece que entre un trayecto y otro no hay un elemento de conexión. Parece que las andanzas de Saviano y Palos no se tocan en ningún punto. Que entre la no ficción y la fotografía se levanta una frontera disciplinaria y más aún genérica. Que entre la distancia justa y la justa cercanía se traza un antagonismo. Pero es sólo eso: una apariencia generada por la equidistancia. Un aspecto que ladea nuestros modos habituales de ver. Porque parece mentira la verdad nunca se sabe.

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Mauricio Palos es un fotógrafo documentalista independiente y camarógrafo que trabaja principalmente en Norte y America Central. Su trabajo explora una variedad de temas, que están fuertemente relacionados con los efectos de la violencia en la migración y el exilio en la región debido a crisis políticas, violencia de pandillas, narcotráfico y conflictos locales. Su primer libro My Perro Rano, Crónicas de Centro America, fue publicado en 2010 por la Editorial RM. Entre sus clientes están Der Spiegel, Glamour, Vice Magazine, Colors, The Wall Street Journal, Afisha Mir, The Washington Post, Courier International, Flaunt, Gatopardo, Le Monde. Es miembro de Boreal Collective. Twitter @MauricioPalos; Instagram @mauriciopalos

Mauricio Palos is an independent documentary photographer and cameraman who works mainly in the North and Central America region. His work explores a variety of topics that are strongly connected to the effects of violence on migration and exile in the region due to political crisis, gang violence, drug trafficking, and local conflicts. His first book My Perro Rano, Crónicas de Centro America was published in 2010 by Editorial RM. He has worked for Der Spiegel, Glamour, Vice Magazine, Colors, The Wall Street Journal, Afisha Mir, The Washington Post, Courier International, Flaunt, Gatopardo, Le Monde. He is a member of Boreal Collective. Twitter: @MauricioPalos; Instagram: @mauriciopalos

** Iván Ruiz es Investigador del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, en el área de arte contemporáneo. Su más reciente proyecto de investigación reflexiona sobre el influjo del narcotráfico en la fotografía y otras artes visuales. Para conocer más de su trabajo visita soldadero.tumblr.com En Twitter lo encuentras como @soldadero

 Iván Ruiz is a researcher in the area of contemporary art at UNAM’s Instituto de Investigaciones Estéticas. His most recent project reflects on the influence of drug trafficking in photography and other visual arts. For more on his work visit  soldadero.tumblr.com Twitter: @soldadero


El texto de Iván fue originalmente publicado en el último número de la revista oaxaqueña Luna Zeta 33 (2015), 33–37, dedicado a la fotografía contemporánea en América Latina. / Iván’s text was originally published in the last issue of Oaxaca’s magazine Luna Zeta 33 (2015), 33–37, dedicated to contemporary photography in Latin America.

Fotografías cortesía de Mauricio Palos / Photographs courtesy of Mauricio Palos

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